El sistema antiguo no se va a ir
Toda empresa con operación tiene un sistema central que funciona, que costó mucho, que todos saben usar y que no se va a reemplazar. Puede ser un ERP, un TMS, un sistema clínico o algo hecho hace quince años por alguien que ya no está.
Cualquier proyecto de inteligencia artificial que exija reemplazarlo está condenado antes de empezar. El trabajo real es conectarse.
Cómo se conecta lo que no tiene forma de conectarse
Con interfaz disponible
El caso simple: el sistema expone una API y se consume directamente.
Directo a la base de datos
Cuando no hay interfaz pero sí acceso, se lee de la base con las precauciones que corresponden.
Archivos intermedios
Muchos sistemas antiguos exportan e importan archivos. Ese canal sirve y es estable.
Automatización de la interfaz
Último recurso, cuando no hay otra vía: el sistema se opera como lo haría una persona.
La vía correcta depende del caso y se define después de mirar el sistema, no antes. Prometer una integración sin haberlo visto es la forma más común de que un proyecto se alargue al doble.
Qué se gana al conectar
- Los datos dejan de copiarse a mano entre sistemas.
- La información deja de estar desactualizada según quién la consolidó y cuándo.
- Los documentos se emiten con los datos que ya están cargados.
- Las desviaciones se detectan cuando ocurren, no al cierre de mes.
Antes de integrar, medir
Un proyecto de integración empieza por entender qué información se mueve hoy, quién la mueve y cuánto tiempo toma. Esa medición determina qué vale la pena automatizar primero y qué se puede dejar para después.
Entregamos esa evaluación con retorno estimado dentro de 48 horas, con acuerdo de confidencialidad firmado desde el primer contacto.